Asistencia Técnica no reembolsable para la rehabilitación de la antigua Aduana de San José y la recuperación urbana del Distrito del Carmen. El Programa pretendía aprovechar la operación de rehabilitación de la antigua aduana para regenerar el barrio existente a su alrededor, fomentando políticas de recentralización urbana. El proyecto propuesto propuso la construcción de un museo que se extendía por todo un eje cultural-urbano para mostrar la diversidad ambiental del país. Los pabellones que constituían dicho eje eran Aire dedicado a las especies de aves del país, Fuego dedicado a los volcanes, Viento dedicado a los fenómenos climatológicos de la región, Agua dedicado a la diversidad de fauna marítima y en la antigua aduana se ubicaba el pabellón del kaos dedicado a la historia de la formación del país.

 

PROYECTO DE PRESERVACIÓN PATRIMONIAL DE LA ANTIGUA ADUANA Y DESARROLLO URBANO DEL DISTRITO DEL CARMEN.

El complejo de La Aduana se asienta sobre una parcela de titularidad pública de forma rectangular, y se compone de tres edificios más un teatro prefabricado desmontable. El ángulo sur-este del solar contiene una parcela independiente de 421,45 m2 que por donación hecha por el Gobierno de Costa Rica en el año 1987 pertenece al Gobierno Español. El conjunto se encuentra dentro de un espacio que antiguamente albergó las instalaciones de la Aduana Principal y que se sitúa al final de la avenida de los Damas, entre la antigua estación del tren del Atlántico y el templo católico de Santa Teresita, en el barrio de Aranjuez, Distrito del Carmen dentro del Cantón Central de la Provincia de San José.

El edificio histórico principal, construido en 1890, tiene una forma rectangular de 152,30 m. de largo por 18,24 m. de ancho con una altura de muro de aproximadamente 6 m y un espesor de 0,60 m. El espacio único de la nave se encuentra dividido en 18 pórticos, cuya distancia entre pilares es de 8,50 m. y que en fachada de forma individualizada presenta una arcada en relieve de la misma fábrica de ladrillo vista y un rosetón de hierro fundido sin cristalería, abierto para facilitar la ventilación.

 

 

Generalmente la realización de un Centro Cultural con el consiguiente desarrollo de funciones dotacionales para la población, parte de un planteamiento urbanístico y en consecuencia, de una relación e integración con el medio construido al que sirve y alimenta. En el caso de la Antigua Aduana de San José se trata de la recuperación de una nave industrial de 1891 inscrita en el catálogo del Patrimonio Nacional, situada en una parte de la ciudad que fue límite residencial hasta que, según el plano del Ingeniero Daniel González Víquez de 1924, empieza a manifestarse un cierto crecimiento alrededor de este edificio, consolidando lo que más tarde fue el barrio de Aranjuez. En este sentido el mapa de San José de 1948 ya nos muestra la urbanización del barrio de Escalante. Ambos barrios no obstante, manifiestan rasgos de evidente decadencia, como muestra el hecho de la colocación de sistemas de protección en las casas, la pérdida del uso residencial, la falta de frecuentación en horario no laboral, etc.

Es por tanto un edificio industrial cuyo cometido era el de cumplir funciones propias de acopio y manufactura y que por consiguiente transmitía a su alrededor características de baja valoración, y que al cual se le exige ahora que se transforme en un edificio con vocación de equipamiento de uso público, capaz de transmitir a su alrededor externalidades positivas y de regeneración de un amplio tejido urbano que ha perdido paulatinamente su atractivo y vocación primera residencial.

La necesidad de regenerar el barrio. Los proyectos del Parque de los cuatro poderes, San José Posible y el de la casa Presidencial, son tres planes distintos que pretenden dar contenido al vacío urbano que actualmente presenta la zona. La discontinuidad del tejido en un ámbito central de la ciudad, que además concentra una significativa cantidad de equipamientos culturales, administrativos y ministeriales, devalúa la  propiedad y produce un impacto negativo para la implantación de nuevas o renovadas actividades. La vivienda por su parte es prácticamente inexistente en la zona, situación que incompatibiliza otros usos complementarios como pueden ser escuelas o comercios de proximidad, además de propagar un sentimiento de inseguridad en el barrio por ausencia de actividad a determinadas horas del día.

 

 

La desamortización del Centro tiene otras repercusiones además de las  económicas, alejando la residencia e incrementando el número de trayectos diarios, impermeabilizando grandes áreas periféricas y reduciendo el nivel de porosidad del territorio. Socialmente la existencia de estos espacios vacíos comporta a su vez, un efecto llamada para cualquier forma de actividad marginal, prostitución y drogadicción frecuentemente, y de sus secuelas derivadas como la pérdida de la sociabilidad del espacio público y la inseguridad ciudadana. Al mismo tiempo y debido a esta poca atractiva ocupación, se tiende a la uniformidad del tejido social urbano en su banda más baja lo cual acarrea por último, la especialización de los servicios los que devienen exclusivos para esta capa de población: bares y restaurantes de bajo nivel, tiendas con productos de calidad dudosa adaptados para estos clientes y comercios en muchos casos de dudosa reputación. De este modo las bajas rentas que generan viviendas y actividades, hace que los propietarios de estos bienes devaluados omitan las necesarias inversiones de mantenimiento y renovación, cerrándose de este modo el círculo de progresiva degradación.

Para corregir esta situación, que además tiende a contaminar el resto del tejido urbano más próximo y a extenderse en un proceso sin fin de empobrecimiento inmobiliario, los responsables públicos deben de promover Planes, en los que se reinvierta el proceso de degradación, haciendo participar junto a los representantes de la municipalidad, a técnicos, residentes, representantes de la sociedad civil y al capital privado, con el fin de generar proyectos consensuados capaces de transformar la realidad social y mejorar las condiciones urbanísticas del ámbito.

 

 

La configuración de un eje cultural como estrategia de la renovación del barrio. De este modo la rehabilitación de barrios degradados supone esencialmente reintroducir todas aquellas actividades propias de un centro de ciudad, (oficinas, tiendas, viviendas, etc.) En este contexto es cuando una operación de incorporación de programas culturales, inseridos en un representativo espacio patrimonial de ámbito ciudadano, como es el edificio de La Aduana para la ciudad de San José, adquiere símbolo e interés estratégico, en la medida que toda manifestación cultural capta a una diversidad de público y aporta, como valor intangible, un interés añadido al de representación que tiene el propio patrimonio.

 

 

En este sentido Costa Rica cuenta con valores que la hacen ser destino destacado para el turismo internacional. Los variados recursos naturales que posee son sin duda el mayor aliciente para seducir al gran número de visitantes con interés ambiental, que llegan al país pero que desafortunadamente no permanecen suficiente tiempo en la ciudad de San José. El corredor cultural que se proyectó tenía vocación de convertirse en un atractivo para estas personas al tiempo que su función informativa y pedagógica lo deberían hacer también sugestivo para el grupo de población joven de la ciudad y de la región metropolitana de San José.

Desparramar una suma de medianos y pequeños recintos para configurar un gran equipamiento en su conjunto. El Corredor Cultural al que bautizamos con el nombre de Planeta Costa Rica, se configuraba por un conjunto de seis inmuebles independientes y sin embargo complementarios, cuyo vínculo funcional era el espacio público. El mencionado corredor se desarrollaría a lo largo del paseo de los Damas desde el Parque España hasta el edificio de la antigua aduana. Se trataría de construir un gran ámbito cultural abierto, en donde las salas temáticas o de exposición de los museos tradicionales cerrados, serían sustituidas por Pabellones aislados, los pasillos, por calles protegidas contra la lluvia por árboles y cubiertas, además de por el tráfico privado, el vestíbulo de acceso se haría por la plaza junto al edificio Forum y las tiendas y bares habituales en todos los museos, serían reemplazados por las boutiques y las terrazas de los restaurantes ubicados dentro del Corredor Cultural abiertos al espacio público.

Para cobijar al peatón de las frecuentes lluvias que sufre San José se diseñarían unos elementos protectores que se integrarían a la trama arbolada, los cuales además de guarecer, indicarían el recorrido a seguir. Las luces y farolas del recorrido se integrarían en los mástiles que soportarían estas cubiertas las cuales serían construidas en propileno trasparente y también de color. Estos módulos o paraguas urbanos introducirían además una nota cromática al recorrido ayudando al visitante a orientarse en su visita y servirían de abrigo de espera el tiempo necesario para detener un taxi o esperar al autobús. Este corredor verde que discurriría por el paseo de los Damas, sería utilizado por los visitantes como recorrido al aire libre y vínculo entre los cuatro Pabellones temáticos (agua, cielo, tierra y viento) además de la antigua aduana o pabellón Caos y el edificio Forum. Para salvar la calle Ismael Murillo el eje se elevaría en forma de pasarela apta para la circulación de minusválidos y tratada como un elemento más del paisaje vegetal, hasta alcanzar la plaza de los equipamientos o plaza del Planeta Costa Rica, situada entre la antigua aduana y el edificio Forum.

 

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